sábado, diciembre 16

Columna de Harold Mayne-Nicholls: Adiós Profe Luis Bonini

Profe Bonini en Sudáfrica 2010, lo que nadie sabía

Pedí publicar esta columna el día viernes a las 12 del día, hora en que sus restos serán cremados. Yo estaré a unos 1350 kilómetros de Antofagasta. Tenía un compromiso pactado hace mucho tiempo y romperlo implicaba causar mucho daño a terceros. Por eso, le dedicaré la charla motivacional que debo hacer a partir de las 10 de la mañana, y a mediodía – mientras sus cercanos lo despiden- estaré en la Catedral de mi querida ciudad natal rezando por su eterno descanso.Por eso, en un humilde homenaje hacia un gran hombre, he pedido a mi editor que esta columna circule por las redes a esa misma hora. Adiós Luis.

Bonini

Cuesta mucho escribir. Las palabras se atoran y no quieren salir. Parto juntando letras temprano, el jueves 23 en Puerto Natales. Sigo en Punta Arenas; en al aire reviso, edito y creo estar listo para despachar en Santiago, pero la fuerza de la conciencia me obliga a revisar una y otra vez para seguir escribiendo de madrugada el viernes 24 en Antofagasta. Son unas 11 horas de viaje; unos 3.600 kilómetros. Miles de pensamientos, grandes recuerdos, infinito dolor.

Es que partió un grande. No sólo por su porte y envergadura; sino por su corazón e inmensa capacidad humana y profesional.

No por esperada, dejó de calar hondo su partida. A muchos nos dolió que el soñado milagro no llegara.

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Estuvimos FÍSICAMENTE, junto a mi esposa y Jorge Contador (ex secretario general de la ANFP), por última vez con Luis María Bonini el domingo 12 de noviembre en la tarde, en la clínica donde nos dejó. Mientras cenaba, con una vista maravillosa hacia el cerro San Cristóbal, lo vi de buen ánimo, contento, optimista.

La lucha de Luis

“Tengo dos posibilidades más” nos dijo lleno de alegría. Y describió lo que había sido el ultimo análisis de su enfermedad en un laboratorio de Estados Unidos, a lo que se sumó el descubrimiento de una medicina en Alemania que le ayudaría a salir adelante.

Bonini

“Además he subido 2 kilos y medio”, agregó. Lo habían internado para que le volvieran las ganas de comer, y así poder recuperar peso. Y en eso estaba. Alegre, reflexivo, deseoso de saber e informarse. Como siempre.

Sé que tuvo muchas más visitas esa semana. Muchos se alegraron de verlo y de compartir con el Bonini que tanto nos regaló. Días después, el hígado dijo otra cosa y cuando volví a la clínica, una semana más tarde, ya fue imposible volver a escucharlo.

Siguió luchando y dio una gran pelea. Como cada vez que le tocó afrontar un desafío que parecía imposible. Seguro lo hizo con toda la pasión que ponía en cada tarea que emprendía.

Escribo y me vienen a la mente tres anécdotas inolvidables en mi relación con el Profe. Las quiero compartir, pues creo que lo retratan.

La primera la vivimos en Graz, Austria. Septiembre del 2007. Yo había conseguido que los organizadores de la EuroCopa 2008, Austria y Suiza, invitaran a Chile a jugar un torneo en tierras austríacas. Bielsa lo supo desde la primera conversación que tuvimos.

Preparando la logística pidieron ir a un hotel en la pequeña ciudad de Graz y no donde los organizadores nos querían llevar. Cambiamos un 5 estrellas como era el ofrecido por un 2,5 estrellas. La razón: había un complejo deportivo en Graz a muy corta distancia del hotel.

En ese lugar se alojó la selección y también los directores y administrativos de la delegación. La primera noche invité a cenar a los periodistas que cubrían la gira. Fuimos a un restaurant alejado del hotel. Volvimos a medianoche con todo cerrado en la ciudad. Nos fuimos por un café y unas cervezas al hotel. Conversábamos de temas diversos. Nada especial. “Hablamiento” normal. Me senté mirando las escaleras del hotel. De pronto veo bajar a Luis. Se acerca, nos saluda muy respetuosamente, nos pregunta si estuvo buena la cena y se despide. “Mañana hay que entrenar temprano”, nos dice. “Para hacerlo bien hay que descansar”.

Se va y no pasan 3 minutos, cuando todo el hotel queda a oscuras. La luz, vino el silencio y no fue necesario intercambiar opiniones: el descanso no se transa. Aprendimos.

Bonini

Sudáfrica 2010

Años más tarde, ya clasificados al Mundial, fuimos juntos con él y Juan Carlos Berliner (Gerente de la Selección, con quien desarrolló una gran amistad) a Sudáfrica al menos 3 veces. Buscábamos el lugar de concentración. Una provincia sudafricana nos había ofrecido hotel y alimentación gratuita. Ellos no eran sede y no querían estar ajenos a la fiesta deportiva.

A Luis no le gustó el lugar. Básicamente porque había que viajar en bus para entrenar. Le dije que el ahorro era significativo. Me respondió: “no lo dudo, pero le pido haga el siguiente cálculo. Estaremos en Sudáfrica al menos 20 días. Muchas veces entrenaremos en doble turno y a veces habrán algunos que lo harán 3 veces por día. El trayecto del hotel que nos ofrecen a la cancha de entrenamiento tarda entre 12 y 15 minutos. Cuatro veces al día, es casi una hora. Al menos una hora diaria que tendremos a los jugadores sentados. Eso aumenta las posibilidades de una lesión muscular”.

Me convenció (y le pasé el dato a la Asociación Uruguaya de Fútbol que se alojó ahí) y me puse a negociar con las autoridades de Nelspruit, donde él quería que nos quedáramos. Al final pagaron un tercio del valor del alojamiento.

Ahí vino el segundo tema. El lugar tenía más habitaciones que las que necesitaba la delegación de jugadores y miembros del cuerpo técnico. “Lo cerramos sólo para los jugadores y cuerpo técnico” me dijo. No lo acepté. No íbamos a cancelar por habitaciones vacías.

Ante mi negativa, no le quedó más que aceptar que las habitaciones restantes las utilizarían miembros de la administración y directivos invitados. Pero tuve que negociar: “lo acepto” – me dijo – “pero nadie se acerca a los entrenamientos y tampoco invade a los jugadores en sus habitaciones ni en el comedor”.

Me pareció razonable. “Está bien, no le veo problemas a eso, pero usted le habla a todos los que viajarán y se lo dice”, respondí.

Llegando al Lodge Ingweyama (también entre 2 y 3 estrellas, pero con 2 canchas de fútbol y gimnasio) reunimos a todos en una gran sala. Eramos unos 60. Tomé la palabra, agradecí a todos su presencia por venir a alentar a Chile y les dije que Luis tenia algo que comunicarles. Y Bonini detalló las reglas. Fue tan claro que no hubo preguntas.

De vuelta a casa

Bonini

Varios días después, quise cerciorarme si los dueños del hotel nos habían cumplido con temperar la piscina del complejo. Fui hasta allá, con mi hijo Eric, entonces de 9 años. “Si está temperada, nos bañamos” le dije. Estaba heladísima. Paseo corto, pero se me ocurre alargarlo: “Aprovechemos de ir a ver el entrenamiento”, le digo. “Papá no escuchaste a Bonini. No podemos ver los entrenamientos”, me respondió Eric y abortó mi iniciativa.

La última anécdota (tengo más, pero 3 son suficientes) sucedió en el aeropuerto de Johannesburgo, al hacer la fila para el check-in y embarcar de regreso tras quedar eliminados de la Copa. Habíamos perdido un domingo, regresábamos un miércoles tarde en la noche.

Veo a Bonini y le pregunto “Profe, me imagino que aprovecharon de darle libre a los jugadores y que salieran a conocer un poco”. Me miró y sin titubear me dijo: “No salió nadie. No íbamos a echar a perder el trabajo de 3 años en 3 días”.

Así era Luis. Un hombre que tenía claro sus deberes y objetivos, y no escatimaba esfuerzos por cumplirlos.

Al despedirme de él, aquel domingo 12, le dije “me alegra verlo bien. Espero salga luego de ésta, pues me debe un par de charlas para la Fundación Ganamos Todos”. “Lo tengo muy claro. Lo prometido es deuda. Ya pronto estaré en en condiciones. Vaya preparándolas”, me dijo.

Se fue antes. No alcanzó. Pero no hay deuda alguna, somos muchísimos los que le debemos a él.

Nos dejó tanto que sólo queda decirle: descanse, lo tiene merecido.

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