sábado, enero 20

Columna de Harold Mayne-Nicholls: Adiós,2017. Hola, 2018

No por común, deja de ser importante iniciar el año repasando el anterior.
Sin queja por lo vivido, empiezo agradeciendo haber llegado a más rincones y comunas (este año estuvimos en más de 100) de Chile, con la Fundación Ganamos Todos. Nuestro proyecto sigue incorporando a la actividad física, a niños y niñas de todo el país.

Además hacer clases en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica, me obliga a esforzarme en detectar lo que para los líderes del mañana es importante.
La suma de esas dos actividades -que es donde más tiempo invierto- más la realización de charlas motivacionales de diversos temas (el 2017 debo haber dictado entre 150 y 180 charlas; de al menos 8 temas diferentes) para empresas, instituciones, colegios, escuelas, universidades y todo aquel que la solicita me permite hacer un ranking de algunos de los aspectos relevantes de lo que vi el 2017 en mi querido Chile.
Lo hago en base a 7 conceptos, utilizando un número mágico durante nuestra niñez y adolescencia.

Optimismo

La noche del 17 de diciembre 2017, debiera sintetizarse y transformarla en una clase magistral de educación cívica. Para entregarla desde pre-kinder a cuarto medio. Obligatoria a todo nivel.
Dejar claro que no tiene nada de malo que un derrotado, se acerque al vencedor, le de la mano y reconozca su triunfo. Y que el vencedor lo reciba, le apoye y reconozca que entre todos debemos construir futuro.
Fue una noche mágica que sorprendió al mundo. Ya estaban todos impresionados con la pulcritud del proceso eleccionario (aquellos que quisieron mancharlo deben estar muy arrepentidos); con el rápido conteo y la pronta entrega de resultados.
Todos los aceptamos y a trabajar al día siguiente se ha dicho. Vencedores y vencidos. De hecho ese lunes estuve en Coquimbo y Monte Patria. Y vi a todos poniendo el hombro. Reconstruyendo momentos de convivencia nacional.

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Sería maravilloso que instantes así se repitieran en cada instancia de nuestra vida. Que aprendiéramos de una buena vez, que el juego de la democracia consiste justamente en eso: ser capaces de reconocer en el otro su aporte a construir un futuro mejor, dejando de lado las descalificaciones; las palabras hirientes; los gestos grotescos; el desprecio y el insulto.
Insisto: preparar ese material y hacer que en las clases de “consejo de curso (no se como se llamarán hoy)” o Educación Cívica (si es que aún existen) se dialogue y opine respecto de lo que pasó el 17 de diciembre 2017.
Tal vez así volvamos a tener respeto por las personas, sus cargos y las instituciones que representan.

Pena

Sin duda, la división entre los buenos y los malos.
Las semanas previas a las elecciones, retrocedimos. Un montón. Si en algo disentías eras del inmediato del grupo de los malos.
Esos momentos me hicieron recordar un desayuno con José Miguel Insulza en Washington en abril del 2011. El era el Secretario General de la OEA y me invitó (ambos somos exalumnos del Saint George y fanáticos futboleros) a un desayuno junto a Sergio Bitar. En un momento me pregunta: “¿Cómo ves a Chile?”
Le respondí de inmediato “Cada vez más polarizado. Me preocupa mucho la situación. No actuamos por el bien común; sólo nos interesa lo nuestro. Así es complicado crecer como sociedad”.
Me miró nada más.
Hace unas semanas lo vivimos en carne propia, lo que para mi es la mayor pena del año.

Dolor

Aquí no caben dos opciones. En un restaurant en Valdivia sufrí la eliminación de Chile de la Copa del Mundo Rusia 2018. Sentí los sollozos; vi las lágrimas de jóvenes estudiantes cuando se había consumado la derrota.
Sigo esperando alguna explicación de cómo se planificaron los partidos frente a Paraguay y Bolivia; además me gustaría saber qué pasó entre la final frente a Alemania en la Copa Confederaciones (mes de junio) y el partido ante Paraguay en el Estadio Nacional (septiembre).
Es un dolor punzante que no se supera. Teníamos jugadores; había equipo; acumulábamos prestigio; construíamos sueños. ¿Qué sucedió?.

 

Aprendizaje

Una de mis últimas actividades del año fue dar charlas en Rapa Nui. Me invitó la Municipalidad. Como era fin de año, me fui con toda la familia (para los mal pensados, yo pagué los 7 pasajes) en una tradición familiar que iniciamos el 2015 (viajar los 7 entre Navidad y Año Nuevo, para tener una mini vacaciones familiares).
Las 2 charlas anduvieron muy bien. Sobre 70 personas me escucharon y después me contaron vivencias de ellos que me ayudan a conocer otras realidades.
Pero dónde más aprendí fue con Pao. Un Rapanui grandote (debe andar por sobre el 1,90 y más de 100 kilos) que vende piñas en la playa y lugares turísticos (“antes trabajaba en Conaf y me pagaban 700 lucas. Hoy, con mi padre y mi hijo, vendemos 200 piñas diarias –que cosechamos en tierras de la familia- a $ 5 mil cada una. No hay donde perderse. Además manejo mi tiempo”).

Mientras junto a mi señora comíamos una piña (dulce y sabrosa) conversamos. Se acordó del mítico partido de Colo Colo en la Isla en el 2009; me habló de la medicina ancestral; me preguntó si iba a volver a la ANFP; supe más de los moais y de las tradiciones de los habitantes de la Isla y un sin fin más de temas.
Pero donde me golpeó fue cuando dijo “en el vocabulario de los rapanui no existen garabatos. Así se evitan malos entendidos”. Y prosiguió “Los profesores se dan cuenta de inmediato quién es de la isla y quién del “conti” (por continente). El que dice garabatos, no es de aquí”.

Emociones

Este año, con la Fundación, realizamos por octava vez la campaña Toperoles para Todos. Recolectamos zapatos de fútbol usados por todo el país. Elegimos una comuna y se los llevamos antes de Navidad. Lo hacemos desde el 2011.
En plena campaña, recordamos lo que pasó el 2016. Juntamos zapatos para niños y niñas de una escuela de Los Alerces, Puerto Montt. Se los entregamos en el estadio Chinquihue. Nos azotó la sorpresa, al ver que la mayoría de los jóvenes tenían zapatos nuevos. Los estaban estrenando.
Y nosotros les entregamos zapatos usados.
Con eso en mente, cambiamos el plan. A los niños y niñas de Quemchi, en Chiloé, les entregaríamos zapatos nuevos. Había que comprar 450 pares. Conseguimos muy buen precio con Under Armour y nos apoyó el Museo de la Moda; Agrosuper; CIS Ltda.; y muchos anónimos.

El 7 de diciembre, día inolvidable, llegamos a Quemchi. Niños de toda la comuna esperaban ansiosos. Algunos habían viajado, en barcaza, 2,5 horas para ese momento.
Entregamos los primeros zapatos. Los sacó de la bolsa una niña y mientras todos contemplaban en silencio, otro niño que se encontraba a varios metros, gritó de manera espontánea “¡Un Under Armour!”

Chances

En la Fundación Ganamos Todos, llevamos más de 7 años, entregando mensajes para combatir la obesidad, el sedentarismo y la desintegración social. Nos sentimos muy escuchados por la gente.
En algún momento nos reunimos con la actual Ministra de Educación, Adriana Delpiano. A los días le entregamos un proyecto. Era para que los niños y niñas de todo el país hicieron actividad física programada en los recreos (Jugamos Todos se llama el programa, que desarrollamos en varias comunas del país). Le encantó. Habló maravillas. Nos consta que lo mostraba en reuniones. Nos pidió que se lo expusiéramos a los Seremis de Educación de todo el país.

Lo hicimos.  No supimos más.
No nos importa si es que el proyecto fue implementado. Nos preocupa si está en un cajón (A propósito, ¿alguien conoce los resultados del SIMCE de Educación Física de 2016?).
La educación hoy no sólo se basa en cifras y letras. Debe basarse en transmisión de valores y principios de vida. Nada mejor que el deporte como vehículo para lograrlo.

Cuando el 2017 se iba, Mario Waissbluth, del Centro de Estudios Públicos de Universidad de Chile, nos sorprende con una columna en El Mercurio. Habla del ejemplo de Islandia. Da cifras, datos y métodos.
Concluye que el deporte es el camino.
Ojalá lo entiendan nuestras autoridades. La oportunidad está ahí. No hay que desaprovecharla.
Y doy un ejemplo simple. El 2017, gracias al apoyo de la Municipalidad de Estación Central llevamos un equipo de fútbol a Islandia. Al tercer día, por la tarde, un niño me pregunta: “tío, ¿aquí no roban?” le contrapregunto “¿Porqué me preguntas?”. De inmediato me responde “es que esa bicicleta está tirada ahí desde la mañana. En mi cuadra, la dejamos 10 minutos y desaparece”.

Sueños

Aquí me detengo en el futuro. Para miles, la canción de los Miserables El Crack, representa ese momento tan soñado “convertir un gol a estadio lleno, eludiendo al portero”.
Maravillosa metáfora, pues no tengo dudas que el sueño de todos es poder realizar –en nuestras actividades diarias- lo que reza la canción: ser capaces de tener éxito sorteando todas las barreras que se presentan.
Ese debe ser nuestro objetivo de vida, pero haciéndolo de manera legítima. Sin aplicar la “viveza criolla”. Esa misma que pedimos a los niños cuando juegan y que después de adulto los castigamos, por utilizarla para juegos de otra envergadura.
Desterremos esos pensamientos que nos hacen creer que donde se cruza la curva de la oferta con la demanda nos llega la felicidad. Cambiemos ese dogma –que a la fuerza nos metieron en la cabeza- por otro que si nos hará felices: ayudemos al desarrollo del prójimo; sumemos emociones a nuestras comunidades y donde se encuentren las curvas de desarrollo y emociones, ahí si seremos felices.
Empecemos este 2018 a ponerlo en práctica.

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