martes, noviembre 21

Columna de Harold Mayne-Nicholls: No invitemos a la tragedia

Arica siempre Arica

Hace unos días, las imágenes televisivas y de las redes sociales nos mostraron tantos momentos trágicos y dolorosos en México, que llegué a Arica dispuesto a encontrar relajo en la ciudad de la eterna primavera.

Y lo hice justo el día en que la nueva estación llegaba y extrañamente, el frío estaba presente en la capital de la XV Región de nuestro país.

Arica

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Saliendo del aeropuerto, el paso Chacalluta a pocos metros. Basta doblar a la izquierda y Perú está a la vuelta de la esquina. Tomo en sentido contrario. Manejo un par de kilómetros, paso una rotonda, cruzo el río Lluta (que me llama la atención que traiga agua en septiembre, otro signo del cambio climático que solo los muy tercos se niegan a aceptar) y me aparece un parque gigantesco de camiones. Todos estacionados. La mayoría con patente bolivianos. Dominan los que transportan petróleo o gas, pero también hay de carga.

La perla del norte

Arica

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Son muchísimos, que ahí esperan el llamado para ir a buscar mercadería o bien para emprender el viaje al Altiplano junto a otros transportistas.

Otros 10 minutos conduciendo y “Arica siempre Arica; siempre Arica hasta morir” a la vista con el imponente Morro, al fondo de un paisaje maravilloso.

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Imposible evitar referirme a que cada vez que llego a esta ciudad, la encuentro con mucha más vida respecto de una o dos décadas atrás. Se aprecian nuevas obras, están listos para tener 2 casinos, se construye un gran mall, el Paseo 21 de mayo tiene movimiento permanente y se respira optimismo en sus habitantes que se benefician de la minería –muchos trabajan en este rubro fuera de la ciudad, pero su familia sigue en Arica- pero que se oponen a que lleguen las faenas mineras y todo lo que le rodea.

Ya instalado, mi oficio de periodista me llama. Reporteo un poco. Pregunto por los camiones y me sorprenden las respuestas. La única razón para esperar, en plena Ruta 5, es que el lugar destinado para ello, en el sector portuario, se hizo chico. Nadie se atreve a sacarlos, por eso el desorden.

Arica

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Nadie fiscaliza

Me llama profundamente la atención que el Estado chileno no haga nada al respecto. El paso fronterizo de Chacalluta debe ser el que más movimiento de emigración e inmigración tiene en el país. Para Fiestas Patrias se estimaba en unos 100 mil los chilenos que cruzarían hacia Tacna. Y son muchísimos los que por ese ingreso llegan a nuestro país desde toda América.

Y no me parece recibir a quienes nos visitan, con una vista como la que nos ofrecen los camiones estacionados. Algo se debe hacer. Debe venir una instrucción del Gobierno Central y los ministerios respectivos actúen, y así se destine un gran paño de terreno para un estacionamiento de camiones dotado de las normas de higiene, control y seguridad que corresponde. Que se obligue a quienes esperan a parquear en ese sector. Que se ordene el tema y así la entrada a nuestro país sea limpia, despejada y segura. Lo merecemos todos, especialmente los ariqueños.

Aprovechando que estaba en la puerta norte del país, decidí viajar un poco al sur, a ver si en otras comunas de la región podíamos hacer proyectos con la Fundación Ganamos Todos.

Antes de internarme en la pampa, subí la cuesta de Acha. Y me quedé helado al mirar hacia mi izquierda. El valle de Acha –antiguamente destinado a criadero de chanchos y actividades agropecuarias- está lleno de mediaguas. No me atrevo a cuantificarlas, pero deben ser miles los que viven en ese sector.

Arica

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Y me asaltaron las imágenes no muy lejanas de Taltal, Diego de Almagro, Chañaral, Copiapó y tantos otros lugares en que el agua trajo daños irreversibles. Son sectores como la Quebrada de Acha, en la que se cree que por ese valle nunca correrá agua, a pesar que siglos atrás fue un río.

La historia ya la hemos vivido. De pronto una nube negra se juntó con otra y otra más y entre muchas deciden que es hora de regar el valle y las montañas que lo protegen. Y así empieza a correr agua por senderos que han olvidado lo que es la humedad, y se entusiasman las piedras y empiezan a acompañar al barro en su camino al mar y toman tal fuerza que se transforman en un alud.

Nace así la tragedia. Otra más.

Entiendo que mover a las familias que están en el valle de Azapa y en el de Lluta no es simple. Obviamente tiene un alto costo e impacto social. Pero la vida está primero y hay que hacerlo.

Arica

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Además, se debe ser previsor y construir esas piscinas de piedra que en otras regiones han ayudado tanto, pues contienen el agua y evitan el desastre.

No esperemos el dolor para reaccionar. Motivemos a la gente a abandonar el lugar, pero al mismo tiempo anticipemos el futuro, previniendo antes que lamentando.

Es la única forma de evitar que mañana seamos nosotros los que desde el norte de nuestro país demos la alerta en los noticieros y redes sociales. Que el agua sea una bendición para tanta tierra seca y no una tragedia para aquellos que se ubicaron ahí, esperando horizontes mejores.

Harold Mayne-Nicholls

Instagram: @maynenicholls

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