La historia de Coquita, una perrita salchicha de apenas un año, ha pasado de ser una tragedia familiar a un complejo escenario judicial para uno de los rostros más reconocibles de la televisión chilena. Lo que comenzó como un procedimiento de rutina el 29 de agosto de 2025 en la clínica SocialVet, propiedad de Sebastián “Lindorfo” Jiménez, terminó en una pesadilla que ha llevado a su dueño, Roberto, a buscar justicia en los tribunales de Santiago.
Coquita ingresó a pabellón para una esterilización y la extracción de dos caninos persistentes. Sin embargo, a pocas horas de la intervención, la familia recibió la noticia que ningún dueño de mascota espera: su perrita había fallecido tras un paro cardiorrespiratorio, pese a los intentos de reanimación.
La falta de respuestas concretas por parte del equipo médico fue lo que encendió las alarmas.
Según el desgarrador testimonio entregado en el matinal Contigo en la Mañana de Chilevisión, el cirujano se limitó a declarar desconocimiento sobre el origen del deceso, mientras la anestesista evitaba el contacto visual, aumentando la incertidumbre y el dolor de los afectados.
El impacto en la marca personal de Sebastián Lindorfo Jiménez
Para la industria televisiva, el valor de Sebastián Jiménez no reside solo en su desplante frente a cámara, sino en su invulnerabilidad comercial construida durante décadas.
Sin embargo, una exposición de este calibre en el matinal líder actúa como un elemento «radioactivo» para las marcas que suelen asociarse a su figura de protector animal.
En el ecosistema publicitario ya se comenta que este traspié no solo congela sus negociaciones para el resto de este 2026, sino que pone en jaque su estatus de «rostro seguro» para la televisión familiar y campañas de retail.
La querella por maltrato animal y el futuro de SocialVet
Este caso no es un hecho aislado. La denuncia presentada ante el Segundo Juzgado de Garantía de Santiago por maltrato animal contra el Dr. Jiménez y otros miembros de su equipo —como la Dra. María de los Ángeles y el Dr. Marcelo Valdés— se suma a otras acusaciones de negligencia que habrían ocurrido en la misma clínica.
Por su parte, la defensa de los médicos asegura haber colaborado con el Ministerio Público, a la espera de peritajes clave para esclarecer los hechos.
Mientras el proceso judicial avanza, el caso de Coquita pone en el centro del debate público la necesidad de regular de manera más estricta a los centros veterinarios.
Para Sebastián Lindorfo Jiménez, el desafío ya no es solo médico, sino una crisis de reputación que lo obliga a frenar cualquier «operación retorno» inmediata, enfrentando un escenario donde su discurso de empatía animal se ve confrontado directamente en los tribunales de justicia.




































