o que debía ser una competencia culinaria en las tierras peruanas donde se graba el reality, terminó en un sismo de proporciones. El conflicto entre Otakín y Arenita desató una guerra total que dejó al «antiinfluencer» quebrado y a la ex «Reina de los Pokemones» bajo la amenaza de una funa masiva.
La ingeniería del colapso: Otakín y Arenita
Otakín, tras perder el duelo de hamburguesas (su supuesta especialidad) frente a un plato «crudo» del equipo rival, colapsó emocionalmente. Pero la tensión escaló cuando Natalia Rodríguez celebró su derrota con ironía: «El karma se hace presente, te burlaste de mi amiga y ahora perdiste».
La respuesta de Otakín fue incendiaria y directa a la yugular del relato digital: «¡Mala, gordofóbica y agresiva! ¡No vas a poder salir a la calle por envidiosa!». En la dialéctica del reality, el ataque dejó de ser por la cocina para transformarse en una disputa por la moralidad pública.
El factor Mateucci y el fantasma de Karol Dance
El conflicto entre Otakín y Arenita sumó un nuevo capítulo de toxicidad cuando Luis Mateucci intervino para atacar a Natalia donde más le duele, apelando a la memoria emotiva de la farándula pre-redes sociales: «La gente empatizó con vos por cornuda… ¡Aguante Karol Dance!, gracias a él estás acá».
La jornada cerró con un Otakín devastado, llorando en el patio mientras Mateucci le juraba lealtad eterna: «Si te vas vos, me voy yo». Lo que vemos en Perú no es solo un reality; es la descomposición de los personajes frente a un encierro que ya no perdona ni las trayectorias ni los egos.
