Alonso Bosagna había dicho frente a la cámara que no se iba a vender. Un par de pruebas después, aceptó 25 millones de pesos y dejó a todo su equipo fuera de Tito Games.
“Tengo que pensar en mi mamá, tenemos problemas… me vendo por 25 millones”, dijo el capitán del equipo azul, antes de quebrarse en llanto.
Ocurrió en el tercer episodio del concurso que conduce Héctor Peña, el Tío Tito, y que se emite los jueves por YouTube. El ganador final se lleva 100 millones.
De los 400 participantes que partieron, quedaban 100 repartidos en 4 equipos. Cada grupo eligió un capitán sin saber que esa persona iba a recibir ofertas para abandonarlos.
Los 4 capitanes rechazaron primero hasta 20 millones y un Mazda CX-3. Después, el animador los llevó a un lugar donde sus equipos ya no podían intervenir y subió la oferta a 25 millones.
Bosagna, de 25 años y trabajador de la construcción en Valparaíso, fue el único que dijo que sí.
Su equipo no se lo tomó bien. Le enrostraron la confianza que habían puesto en él, y el propio programa recordó lo que había dicho antes.
“No me vengo a vender, tengo a un hermano chico que me está mirando”, había asegurado.
¿Quién ganó los 25 millones en Tito Games?
El participante número 268 de Tito Games, Alonso Bosagna, se quedó con los 25 millones tras abandonar a su equipo. Dice que lo hizo por su familia. “Lo hago por mi mamá y mi hermano chico, estamos todos separados y necesitamos vivir juntos”, explicó.
Fuera del programa, insiste en que no lo tenía planeado. “Nunca fue mi intención venderme, siempre quise avanzar hasta el final”, cuenta.
Pero reconoce que la cifra lo dio vuelta. “Es un monto que lo habría aceptado cualquier persona”, afirma. A sus excompañeros solo les dejó un mensaje: “Lo lamento mucho”.
El llanto, según él, tuvo que ver con algo más que el equipo. “Sentí que me traicioné a mí mismo. Públicamente dije que no me iba a vender y lo hice”.
Hoy evalúa cómo invertir el dinero para cumplir una meta concreta: comprar una propiedad donde pueda vivir toda su familia.
En otra prueba, el Tío Tito puso las llaves de un Mazda CX-3 nuevo para el primero que dejara a su equipo. Nadie se movió hasta que el tiempo estaba por acabarse. Corrieron 3 y solo uno llegó.
Fue Camilo Lagos, comerciante de San Bernardo de 22 años. “Triste porque vendí a mis compañeros”, dijo. Eso sí, no piensa quedarse con el auto: lo va a vender.


