Ciudadano País: Un programa jugando a hacer televisión

"Ciudadano País" estrenó con Sichel y Kaiser como invitados de lujo. Pero la conducción y la producción dejaron mucho que desear.

Debut de Ciudadano País

Hay programas que debutan con hambre de convertirse en referencia. Y hay otros que debutan jugando a hacer televisión. Lamentablemente, Ciudadano País parece pertenecer, por ahora, a la segunda categoría.
El escenario prometía. El Piano Bar del Don Carlos, un público cuidadosamente invitado, Sebastián Sichel y Johannes Kaiser como primeros entrevistados y la promesa de un nuevo espacio político que mezclara conversación, televisión y espectáculo. Sobre el papel, la idea era atractiva. En pantalla, bastante menos.

Con algo de retraso comenzaron las grabaciones. Entre el público había familiares de los conductores, rostros de televisión, analistas políticos e incluso exministros de Estado que, según la promoción del programa, serían parte de este proyecto en futuras emisiones. Sin embargo, el público terminó siendo poco más que escenografía. Jamás fue integrado a la conversación, nunca se interactuó con él y, salvo algún plano perdido, podría perfectamente no haber estado allí.

La única recompensa para quienes asistieron fue bastante más gastronómica que televisiva: abundantes tablas de quesos y carnes, vino y espumantes que circularon generosamente entre las mesas. En rigor, la producción alimentó mejor al público de lo que el programa supo aprovecharlo.

Ciudadano País no encontró su ritmo

Los verdaderos salvadores del estreno fueron los invitados. Sichel y Kaiser, ambos con evidente proyección presidencial, entregaron declaraciones, titulares y material suficiente para construir un buen programa. Había contenido de sobra. El problema fue lo que ocurrió o, más bien, lo que no ocurrió, entre pregunta y pregunta.

Y ahí aparece Javier Pérez Barrientos, Cientista político, clásica pieza decorativa de programas de debate político y de reconocida cercanía con la UDI, donde además de haber sido candidato derrotado, hoy participa en sus campañas electorales.

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Con evidente nerviosismo, el conductor parece enfrentarse a la televisión como quien se sube por primera vez a una bicicleta sin ruedas de apoyo. En un momento incluso recurre al director con un improvisado "cuando usted diga…", dejando al descubierto que todavía no encuentra el ritmo del formato.

Su presencia en pantalla tampoco ayuda. Una chaqueta visiblemente estrecha debido al sobrepeso, una paleta de grises que parece elegida por un funcionario del Registro Civil y unos planos poco amables terminan acentuando una imagen que la dirección jamás intenta corregir. Mientras tanto, el permanente movimiento de las manos, el incesante masaje a sus rodillas y un lápiz que entra y sale de escena como si tuviera contrato terminan robándose más atención que sus preguntas. Para completar la escena, un espejo ubicado detrás suyo refleja una incipiente calvicie que el director parece no haber advertido nunca. La televisión suele ser cruel; en este caso, también fue descuidada.

Constanza Téllez, en cambio, transmite mayor oficio. Desde sus primeras intervenciones agradece la presencia del público, destaca la locación y entiende que la televisión necesita generar ambiente. Su propuesta resulta bastante más natural.
Incluso cuando invita a Sebastián Sichel a brindar mirando a los ojos, intenta darle al programa un pequeño momento televisivo. Javier Pérez, fiel a los nervios de la jornada, ya había comenzado a beber antes de que alguien alcanzara siquiera a decir "salud". Un detalle menor, pero revelador.

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La entrevista también deja diferencias evidentes entre ambos estilos.
Sichel reconoce desde el comienzo que aceptó la invitación porque fue Constanza quien lo llamó personalmente. Luego llegan las extensas introducciones y preguntas de Pérez, que parecen no terminar nunca. Recién después de varias intervenciones aparece Téllez con una pregunta distinta, invitando a pensar Chile en el largo plazo y escapando de la pelea política cotidiana que domina casi todos los programas del género. Se agradece. Porque demuestra que sí existía espacio para una conversación distinta.
La gráfica tampoco juega a favor.

"Ciudadano País" es un nombre que cuesta recordar y todavía más asociar a una identidad televisiva. En pantalla predominan blancos, azules y naranjos sin demasiada armonía, como si alguien hubiera decidido mezclar todas las plantillas disponibles de PowerPoint. Más que un producto audiovisual profesional, por momentos parece el trabajo final de un taller universitario de periodismo. Sorprende considerando que detrás existen una radio y un canal que debieran cuidar bastante más su imagen.
La repercusión tampoco acompañó.

Fuera de la entrevista a Johannes Kaiser, impulsada, probablemente, por el propio arrastre digital del Ex diputado, las reproducciones en YouTube fueron discretísimos, con cifras que apenas superaban algunos cientos de visualizaciones durante sus primeros días. Un estreno que pasó prácticamente inadvertido. La conclusión parece evidente.

La producción consiguió buenos invitados, pero los conductores nunca lograron exprimir ese potencial. Una vez más queda demostrado que ser un buen panelista no convierte automáticamente a alguien en un buen conductor. Conducir televisión exige ritmo, intuición, sentido del espectáculo y la capacidad de detectar cuándo una conversación necesita respirar o cambiar de dirección.

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Nada de eso apareció con claridad en este primer capítulo.
El programa estaría pensado inicialmente para una primera temporada breve. Habrá que ver si encuentra su identidad antes de que el público termine de perder el interés.

Ciudadano País, está pensado para 4 a 8 capítulos. Mientras tanto, en los pasillos de Radio La Metro, según comentan algunos integrantes del equipo, no faltan las bromas sobre la inversión realizada por Pérez para un resultado tan discreto, miembros de la radio bromean en por la mala la calidad del programa, que este sería el intento más costoso de Pérez de recuperar una antigua relación sentimental que algunos aseguran tuvo con Tellez (O que por lo menos el lo ha asegurado)
Sin embargo, lo verdaderamente importante está en pantalla. Y eso basta para hacer una crítica.

Una recomendación gratuita para el equipo: revisen con mayor cuidado los videos que suben a YouTube.
Al finalizar la entrevista con Sebastián Sichel quedó registrado cómo Constanza Téllez explicaba al invitado por qué finalmente el público no había participado. Más tarde, durante la conversación con Johannes Kaiser, también quedó visible una coordinación entre comerciales donde Javier Pérez anticipa que volverá a iniciar la ronda de preguntas.
Pequeños detalles de edición. Pero la televisión, justamente, vive de esos detalles.
Y en televisión, como en política, pocas cosas son más difíciles que improvisar profesionalismo.

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