La historia de amor, poder y tragedia que se "tomará" la pantalla de TVN

por Comunicado de Prensa
TVN

Este sábado en Ni tan clásicos (después del Best Seller), TVN presentará la obra del Festival Teatro a Mil “La viuda de Apablaza”, del autor Germán Luco Cruchaga, la cual narra una historia de amor, poder y tragedia entre una hacendada y su hijastro en el Chile de los años 20 y que fue adaptada especialmente para la televisión.

Escrita en 1928, esta historia de poder y destrucción entre una hacendada y su joven hijastro es revisitada en 2022 por la compañía Teatro Mala Clase, e incorpora elementos de la cultura actual chilena y propone un interesante cruce de formas y lenguajes entre lo teatral y lo audiovisual, un trabajo realizado en conjunto por la dirección teatral de Aliocha De la Sotta, adaptada por el reconocido guionista de teleseries Víctor Carrasco y que tiene en la dirección audiovisual a Vicente Sabatini.

Elenco de la obra "La Viuda de Apablaza". Imagen cedida por TVN a El Filtrador.

Obediencia a cambio de poder y tierras. Esa es la oferta que la Viuda le hace al Ñico, hijo de su difunto marido; un hombre tosco y taciturno, que con el correr de la historia va tomando conciencia de ser “amo” a la vez que se enamora de una joven citadina que llega de visita. La Viuda, a quien Ñico despierta una pasión que va más allá del amor filial, va cediéndole a su hijastro potestad sobre el campo, en un gesto desesperado por evitar que se vaya de su lado y que terminará desencadenando una tragedia.  

La actriz protagónica, Mónica Ríos, quien interpreta a la Viuda, destaca el tratamiento de los personajes y lo ejemplifica en el suyo: “Una mixtura muy distinta a las otras viudas que se han visto en el teatro. Es una mujer de 40, 45 años, no tan mayor; usa chaquetas de cuero, pantalones ajustados y lo que siente por su hijastro –que es menor, pero no por mucho– es más que idílico: es carnal, algo que no se enfatiza tanto en otros montajes”, dice.

Ríos, además, destaca que en esta adaptación para la televisión se rescata la esencia del teatro, pero elimina la frontalidad del escenario y convierte a la cámara en “los ojos” del espectador. “Se mueve en círculo, en 360 grados, como si el espectador estuviera en escena”, cierra.

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