A travĆ©s de una columna de opinión, los periodistas Javier Rebolledo y Dauno Totoro denunciaron el ascenso de Claudio GonzĆ”lez Hofstetter, polĆ©mico funcionario de la PolicĆa de Investigaciones (PDI) al cargo de subdirector de la institución policial.
Y es que, lejos de elaborar una nota comĆŗn y corriente o un reportaje detallado sobre el hecho, los autores se valieron del gĆ©nero de opinión para exponer que el nuevo subdirector de la institución, nombrado por el exdirector de la PDI, HĆ©ctor Espinosa, antes de ser reemplazado por Sergio MuƱoz, designado por el propio Presidente SebastiĆ”n PiƱera, participó en un hecho de secuestro y tortura en contra de uno de los aspirantes a la PolicĆa de Investigaciones.
En detalle, el hecho al cual se remiten versa sobre el caso en que un grupo de estudiantes de la escuela institucional secuestraron al aspirante Mauricio Flores, quien fue golpeado, atado, vendado, amordazado y subido a un furgón institucional. Luego, los secuestradores procedieron a realizar un paseo por las calles circundantes al recinto con la intención de desconcertarlo aún mÔs, siendo posteriormente regresado a las dependencias de la Escuela a punta de golpes de puños y culatazos para ser sometido a una extensa sesión de tortura que incluyó golpizas y la aplicación de corriente eléctrica en brazos, piernas y genitales.
El aspirante, quien durante todo el cuestionado Ā«procedimientoĀ» permaneció vendado, fue atado a una silla y abandonado en el patio del recinto con un cartel que decĆa F.M.R. en alusión a las siglas con las que, en tiempos de dictadura, los organismos de estado se referĆan al Frente Patriótico Manuel RodrĆguez, quedando expuesto ante todos sus compaƱeros de generación.
En tal sentido, segĆŗn denunciaron los periodistas en la columna, el grave incidente fue parte de āuna clase teórico-prĆ”ctica consistente en un simulacro de captura, desorientación e interrogatorioā, a cargo del instructor Juan JosĆ© Barjas Flores, quien fue sancionado, pero por un hecho de gravedad mucho menor, castigĆ”ndosele con seis dĆas de permanencia en el cuartel por no haber informado del ejercicio a la dirección de la Escuela.
Claudio GonzÔlez Hofstetter sirvió como voluntario para el sÔdico experimento, teniendo participación activa en cada parte del hecho que afectó a Flores.
Cuando la vĆctima denunció lo ocurrido a sus superiores, GonzĆ”lez mintió para proteger a su superior, diciendo a los investigadores que Ć©l habĆa sido el estudiante secuestrado y torturado. Sin embargo, tras el avance de las pericias, GonzĆ”lez se vio obligado a reconocer el falso testimonio, diciendo que āen relación a mi cuenta escrita en la que sostengo haber sido yo el aspirante capturado y desorientado en el furgón de la Escuela, debo decir que no es cierto, ya que en realidad fue el aspirante Flores, de primer aƱo, pero asĆ lo estampĆ© en mi cuenta escrita por orden expresa de mi Oficial Instructor, el detective seƱor Barjaā, se detalla. Ninguno de los alumnos involucrados recibió sanción por los hechos.
Reflexionando sobre si alguien estaba al tanto del grave incidente al momento de nombrar subdirector al polémico detective, la columna señala que «la pregunta relevante hoy, cuando GonzÔlez Hofstetter ha sido designado en tan alto cargo de la PDI, es si acaso nadie estaba enterado de su participación en hechos de tamaña gravedad».
Acto seguido, se expone que el propio Presidente de la RepĆŗblica estaba al tanto de los acontecimientos, indicando que a principios de junio un exdetective de la PDI identificado como Ricardo Bopp Ā«informó detalladamente todo lo anteriormente descrito, respaldando sus dichos con copias del expediente emanado de la Jefatura JurĆdica de la Dirección General de la PolicĆa de Investigaciones de Chile, ademĆ”s de un ejemplar del libro āRati, agente de La Oficinaā, información que fue dejada en un sobre en la oficina de partes del Palacio de La Moneda.
