La televisión se nos aparece como algo semejante a la energĆa nuclear. Ambas sólo pueden canalizarse a base de claras decisiones culturales y morales.
Umberto Eco
Por Constanza Schaub
Por estos dĆas, quienes habitamos esta larga y angosta faja de tierra llamada Chile, nos estremecemos ante la noticia de un crimen macabro que terminó con la vida del profesor Nibaldo Villegas, en circunstancias dignas de novela gore. Entendiendo el impacto de la forma en que se constató su deceso, no debiera asombrarnos la extensa y detallada maratón mediĆ”tica dedicada a cubrir los pormenores del suceso que se ha desatado en los medios televisivos criollos. Sin embargo, a mĆ me preocupa.
Y es que los canales de la televisión abierta, una vez mĆ”s, se enfrentan en una carrera frenĆ©tica a travĆ©s de sus programas matinales para ser los primeros y mejores, a la hora de postular sus teorĆas sobre los hechos, recurriendo no sólo a expertos, sino tambiĆ©n a cercanos de quienes son los protagonistas de la dramĆ”tica historia, a fin de complementar por medio de sus testimonios, aspectos todavĆa desconocidos para la opinión pĆŗblica que reciĆ©n da cuenta de lo sucedido.
Precisamente es aquà cuando, quizÔs por deformación profesional, necesito detenerme, hacer una pausa, tomar agua y reflexionar porque la palabra «transgresión» enciende luces de alerta en mi tablero.
ĀæEs posible que la carga de dramatismo de los hechos, su bajo costo y el Ćmpetu de los canales por captar audiencia sea la ecuación perfecta para el Ć©xito comercial a toda costa? Pese a la tragedia, Āædebe la masa digerir en silencio que el fin justifica los medios? ĀæLa exaltación al morbo verdaderamente forma parte de nuestra tarea?
No hace mucho y ante un caso similar de Ā«juicio paraleloĀ», recuerdo al Consejo Nacional de Televisión haciendo frente a numerosas denuncias contra el Canal del angelito, por dar a conocer detalles de las pericias ginecológicas de NĆ”bila Rifo, vĆctima de femicidio frustrado por parte de su ex pareja Mauricio Ortega, cuyo contenido era parte del secreto de la investigación. Cabe seƱalar que al tiempo de sucedida la agresión contra la mujer, los canales tambiĆ©n compitieron para llenar de contenido sus espacios, redundando en detalles escabrosos y teorizando respecto a los pormenores de la historia.

El caso de Fernanda Maciel, la joven embarazada que desapareciera desde su casa y que estaba pronta a dar a luz, desencadenó tal interĆ©s para el programa Ā«La MaƱanaĀ» de Chilevisión, que no por dĆas, sino por semanas, contó con la presencia de su novio en el estudio, repitiendo hasta el hartazgo los escasos datos obtenidos y relatando lo poco y nada que sabĆa del proceso investigativo que llevaban las policĆas.
El sentido comĆŗn me dice que ante casos no resueltos como el de Fernanda, donde no se descarta la presunta desgracia; el proceso indagatorio no desestima la participación de terceros en el hecho y por tanto, cualquiera, comenzando por su entorno cercano; puede ser motivo de sospecha. Este simple hecho constituyó razón suficiente para no sentirme cómoda ante tan activa presencia mediĆ”tica del muchacho, mĆ”s aĆŗn cuando las diligencias seguĆan teniendo lugar.
En La ProblemĆ”tica de los Juicios Paralelos en la Jurisprudencia y Doctrina EspaƱola, texto publicado en la edición nĆŗmero 23 de la revista Ius et Praxis; el abogado de la Universidad Católica de Chile, Francisco Leturia, detallaba que un aspecto delicado del interĆ©s de los medios de comunicación por aumentar sus ventas a travĆ©s de noticias de alto impacto y dramatismo, es que la bĆŗsqueda de la primicia noticiosa podrĆa llevar incluso al pago por este tipo de informaciones a quienes primero acceden a ellas.
En este orden, el acadĆ©mico tambiĆ©n planteaba que Ā«el abordaje de este asunto es difĆcil fuera de las prĆ”cticas profesionales, sus códigos deontológicos, o las exigencias del pĆŗblico consumidor, pues el beneficio constitucional que recae sobre la difusión de información de interĆ©s pĆŗblico beneficia de modo casi idĆ©ntico a la prensa como industria del entretenimiento y como actividad lucrativaĀ».
Por su parte, el decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de ValparaĆso, Alberto BalbontĆn, tambiĆ©n ha manifestado preocupación por la excesiva exposición, especialmente televisiva, que tienen en Chile algunos procesos judiciales que aĆŗn no cuentan con sentencia, ya sea condenatoria o absolutoria, ya que implica vulnerar el derecho a la privacidad y dignidad de los procesados. Sostiene ademĆ”s que Ā«estas exposiciones mediĆ”ticas tienden a ‘prejuiciar’ a los implicados condenĆ”ndolos socialmente en forma anticipada, independientemente de los resultados finales del juicioĀ».
Cabe entonces preguntarnos: ĀæDónde radica el lĆmite entre el derecho al debido proceso y el derecho a la libertad de prensa y de expresión? ĀæCuĆ”les son los parĆ”metros Ć©ticos que se debe esperar tanto de los medios como tambiĆ©n de los profesionales que desempeƱan su labor en ellos?
La tarea que a los comunicadores nos compete es no relativizar, apostar por el equilibrio, por compatibilizar el derecho democrĆ”tico a la información con el respeto a garantĆas constitucionales tan bĆ”sicas como el derecho a la dignidad, la honra y al juicio justo, pero tambiĆ©n el deber de respaldar a los órganos competentes del aparato estatal en el normal desarrollo de su función.
Si nuestra labor propende a aportar un grano de arena en la lucha por una sociedad justa, plena, desarrollada y sana; nuestro cuarto poder debe ser riguroso en su función dentro de un marco ético acorde a los valores que lo mueven y lamentablemente los excesos desvirtúan el propósito.
Seamos serios y responsables porque nuestras propias transgresiones con un desprolijo manejo de la información, no sólo pueden desacreditar a las instituciones, sino también enardecer a la opinión pública y hasta normalizar acciones temerarias que tarde o temprano deberemos lamentar.
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